27 DE DICIEMBRE DE 2026

Al principio fueron los corredores. Luego los niños, los perros, las sombras de los balcones. Las tiendas abrieron sus puertas para que el aire pasara más rápido; las campanas de la Catedral marcaron el ritmo como un corazón de piedra. En la plaza, las palomas levantaron el vuelo siguiendo la dirección del viento humano. Hasta los adoquines parecían empujarse unos a otros, deseosos de avanzar. La ciudad entera corría, desde el Puente Romano hasta el último portal del barrio de San José.
Un anciano, al verlos, apoyó su bastón en el suelo y sonrió. En su sonrisa cabían todos los años que la ciudad aprendió a moverse junta, a no rendirse, a celebrar que seguir vivos también es llegar a la meta.