27 DE DICIEMBRE DE 2026

Último domingo.
Un tanto más viejo, pero era él. De todas maneras, se reconocía en las imágenes que le devolvía el espejo.
El tiempo y su paso impiadoso se ponían de manifiesto en cada gesto, cada pliegue, cada imperfección. Tan real, tan humanamente sensible.
Se pensó durante un par de segundos en esa imagen que le llegaba en forma lineal como una blasfemia.
“Nada… nunca pasa nada” – dijo en voz baja sólo para escucharse.
Giró y se alejó. Mientras tanto, a sus espaldas, la figura se mantiene firme e impertérrita observándolo, y mientras dibuja en sí una blanca y aniñada sonrisa decide abrir la puerta y ocupar el lado correcto del espejo.
Lo realmente extraño es que nadie se preguntara, ese
último domingo del último mes, como alguien que no se conociera que practicara deportes se quedara con la San Silvestre Salmantina, de comienzo a fin, sin mayor esfuerzo.