Mil pulmones quemaban, notaba la boca seca y rÃgida. TenÃa la cara frÃa como el hielo, áspera y dura. Mis piernas empezaban a quejarse, ardiendo por el esfuerzo. Con ese caracterÃstico cosquilleo que recorre tus extremidades, como una ventisca de dolor que inunda cada músculo de tu cuerpo. Pero que soportas, porque es lo que tienes que hacer. Porque es lo que quieres hacer.
Reconozco que estos últimos meses no he preparado mi fÃsico para la carrera, pero igualmente querÃa participar. Ya son 10 años los que no he fallado a la cita, acompañado por mi padre y mi hermana. Miraba a mi alrededor y veÃa la ilusión en el rostro de los participantes, dando lo mejor de sà para llegar a la meta victoriosos. Miré a mi hermana, con el disfraz de Blancanieves que siempre atesoraba para este dÃa. ReÃ, tomé aire y corrÃ.