Irene entra en el Paseo del Rollo para afrontar los últimos tramos de la San Silvestre, con el sudor cayéndole sobre los ojos, y los recuerdos del accidente vuelven con fuerza: la noche lluviosa, el coche patinando, el crujido del metal y el dolor insoportable en su pierna. Los médicos le advirtieron que no serÃa fácil volver a caminar, y mucho menos correr.
Durante meses, luchó contra el dolor y la desesperación de la rehabilitación. Cada paso era insoportable, y cada dÃa las ganas de rendirse eran mayores. Pero no lo hizo. Poco a poco, los pasos se convirtieron en carreras cortas, y estas en kilómetros por Salamanca.
La meta está cerca. No va en primer lugar, ni siquiera cerca, pero no le importa. Cuando cruza la lÃnea de llegada ve a sus amigos, animándola con gritos y aplausos. En ese momento, Irene sabe que ha ganado. Su propia carrera.