Ya veo el final. Estoy exhausto, sin embargo, los aplausos del público me impulsan a continuar. Los gritos de la muchedumbre estallan. Mi cuerpo libera endorfinas a la vez que mi agotado rostro se torna sonriente y eufórico. Tengo los pelos de punta. Me siento como FilÃpides llegando a Esparta para anunciar la victoria helena.