Oyó el pistoletazo de salida y comenzó a correr con toda su alma. Era su primera participación en una maratón y no se le podÃa escapar la victoria, se decÃa, pero el esfuerzo empezó a pagarlo pronto. Entonces cerró los ojos unos segundos y se concentró para seguir corriendo a velocidad temeraria. Al abrirlos, no habÃa señales del kilometraje, ni público, solo coches voladores y hologramas paseando por las calles. Al no ver ni rastro de la meta, decidió rendirse. Un avión ambulancia lo encontró desfallecido en medio de lo que, antiguamente, llamaban carretera.