No es un Usain Bolt.
Mira sus piernas. No son largas ni musculosas.
Inspira. Su pecho se hincha poco.
Calienta los músculos previamente para la carrera de la San Silvestre Salmantina. Los nota entumecidos.
Observa atletas fornidos. ¡Están hechos “unos cachasâ€!:
Uno hace flexiones y, sin doblar las rodillas, toca el suelo con toda la palma de la mano.
Otro balancea sus piernas: En cada circunvalación recorre unos 240 grados.
A su lado, uno expira. Sopla como el cierzo y le descoloca la gorra.
Por detrás, un negro le sonrÃe. Mastica chicle.
—Tenga uno. Dejará de temblar. Lo noto muy nervioso para la carrera. Piense como yo. Lo importante es participar y llegar.
¿Cómo decirle que vengo del Valle de la Muerte, al sureste de California, donde el sol abrasa, y que, el dÃa de San Silvestre, en Salamanca, hace un frÃo que pela y de allà mi tembleque?