Horas y horas de entrenamiento. Mucho sacrificio. Eterna lucha por bajar un segundo . Valió la pena. Claro, ganar endulza y mitiga los esfuerzos. Mi prueba los 10000. Resistencia y a trescientos metros de meta un cambio de ritmo demoledor. Un palmarés repleto de victorias. Presentir el final de mi carrera me aterraba. ¿Cómo vivir sin correr? Sentía pánico. A pesar de mi humildad me había acostumbrado a la presión de competir y de ganar y también al aliento de mis seguidores, al clamor de mi público. Todo se acababa, se desmoronaba mi castillo de naipes.
Hace ocho años que dejé el atletismo. Mañana es 27. No correré la San Silvestre en mi Salamanca natal. Ya no lucharé por bajar un segundo en mis queridos 10000. Vaya ironía. Ahora procuro que esos 10000 duren lo más posible al lado de mis paisanos. Recibiré elogios a mi paso… disfrutaré como nunca.