27 DE DICIEMBRE DE 2026

Llevaba preparándome semanas para el gran día. Atravesé la calle Zamora a buena velocidad en dirección a la Plaza Mayor. La multitud, ilusionada por la carrera, me arropaba. Yo solo quería pasar desapercibido entre los participantes. Aunque la policía local se encargaba de vigilar los cruces del recorrido para evitar cualquier percance, era la primera vez que me sentía cómodo ante tanto agente.
En la mochila guardaba los billetes que acababa de robar en el cajero del Banco Popular de Bientocadas. A pesar de la adrenalina que me animaba a volar más que a correr, rezaba por no llegar el primero a la meta. Me acordé de mi madre, que siempre me repetía que no destacara, que en el término medio estaba la virtud.