27 DE DICIEMBRE DE 2026

¡Bang!
Comienza la carrera. Avanzo por el Paseo de San Antonio. Llego al Puente Romano. Salgo de la ciudad. Corro hacia La Alberca. Tras las huellas de Buñuel, desciendo hasta Las Hurdes. Sigo el vuelo de una mariposa y recorro la Ruta de la Seda, cruzo Samarcanda, acelero hacia Damasco, atravieso Kandahar, corono el Annapurna, salto hasta la luna, mi corazón cabalga desbocado en el Mar de la Tranquilidad, regreso a Salamanca, veo la línea de meta y…
No.
No volveré a ver «Forrest Gump» la noche antes de correr la San Silvestre.
Son agotadoras sus posteriores pesadillas.