¡UN QUIJOTE EN LA SAN SILVESTRE SALMANTINA!
Estaba estrenando zapatillas. Me sentÃa un Ulises dispuesto a ganar cualquier batalla.
HabÃa tenido un dulce sueño: El campeón del certamen anterior, era liebre. Yo, tortuga. Por obra y gracia del espÃritu de Atlas, con mis mechones imitando a Sansón, con la fortaleza de Hércules, habÃa hecho un esfuerzo sobrehumano que me hizo llegar de primero a la meta. Los vÃtores del mundo de los derrotados fueron tan fuertes que todos los medios de comunicación transmitieron la espectacular y sorprendente hazaña en cuestión de segundos.
Mis padres me echaron la bendición… pero no me acompañaron. Llegué solo, con una sonrisa y el número en el pecho.
Los presentes estallaron en burlas. Gritaron: “¡Sancho Panza, se equivocó de travesÃa!â€. Los atletas me miraron con compasión.
De todas partes aparecieron muchos obesos vitoreando el respetuoso y solidario apoyo: “¡Ãnimo! ¡Tú puedes!â€
¡Ése fue mi amuleto!