Con tan solo dos semanas de entrenamiento moderado afrontaba la San Silvestre con mucha emoción, más de la que expresaba mi rostro; a la vez estaba un poco asustado, aunque no creo que ninguno de mis colegas me lo notara y yo a nadie se lo contaba.
Un mes antes era casi seguro que no iba a poder participar y para mà esa carrera era una verdadera tradición, tengo un especial recuerdo de la primera que vez que hice el recorrido largo, era un adolescente y corrà junto a mi padre, él siempre a mi lado.
Justo antes del pistoletazo de salida se me aceleró el corazón, aunque nadie se enteró, y 54 minutos y 47 segundos después era el hombre más feliz del mundo, aunque nadie me lo notara, lo habÃa conseguido y el tiempo era lo de menos, a pesar de ser el peor de mi trayectoria atlética.