Si Colón los viera, desde el Convento de San Esteban, les interpelarÃa si se dirigen hacia las Indias ajenas. Si la Latina los escrutara, sudorosos hasta las venas, les preguntarÃa si es que ella, correr como ellos también pudiera. Si Sancho se los cruzara, en una esquina cualquiera, los interrogarÃa para ver, si van a algún festÃn de veras. Si el Quijote se los topara, con su Rocinante a cuestas, pensarÃa que están huyendo de cierto enemigo cual sea. Pero si Unamuno los viera, con esa hidalguÃa novelesca, dirÃa que son maestros de la gallardÃa y la ofrenda. Les dirÃa que jamás quietos, andantes incluso en la espera. Perdedor no es sino, aquel que a la lucha no se entrega.
Mis laudos a estos hombres y mujeres cualquiera, que sin embargo son próceres, haciendo de la vida una carrera.