¡La visión se torna borrosa! ¡Los latidos del corazón se suceden como alocado galope de corceles! ¡Los pies se niegan a seguir adelante! La respiración entrecortada obliga a acelerar las inspiraciones, buscando el máximo de aire que inunde los pulmones. ¡Cuánto dolor y calambres en cada músculo del cuerpo! Los ojos se levantan buscando anhelantes la tan ansiada lÃnea de cal que indica el final del tormento. En un último esfuerzo, el cerebro envÃa una orden espartana a todo el sistema nervioso: ¡adelante, no importa el cansancio ni las cortantes punzadas! Diez metros, nueve, ocho… ¡Victoria!