27 DE DICIEMBRE DE 2026

Érase una zapatilla que se enamoró de otra. Cuando sabía que se iban a encontrar, comía pasta, no bebía alcohol y, si conseguía dormir, lo hacía con la sensación de que cientos de mariposas revoloteaban en su interior.

Suspiraba sin cesar mientras fantaseaba con un zapateo al son de sus latidos. Fuertes. Rápidos. Enérgicos. Impregnados de pasión disfrutada. Imaginaba como unos reían, otros lloraban y los más pequeños aplaudían al ritmo de sus zancadas. Juntas. Al compás. Soñaba con ese momento en el que a nadie podría atrapar la indiferencia. Oía, en sus fantasías, los ánimos de grandes y pequeños.

Soñaba y soñaba… Y todos los días ensayaba su baile para que el ritmo de su corazón acompañase a la melodía de sus cordones enamorados, mientras disfrutaban de su cita sobre el asfalto de aquella enigmática ciudad.