Nuestra primera Sansil. Los auriculares puestos, suenan las playlists: a él, bajo su low fade, a mí, entre mis canas.
¡Vamos allá!
Con las primeras zancadas, los primeros recuerdos: “Bien abrigado, llegaba al colegio…”, “Vamos muy bien…”.
En plaza de la Merced recuerdo a Schrödinger y suena: “Es el juego, del gato y el ratón, tus mejores años…”.
Por la Estación, Sabina me susurra: “Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid”. Ya en el Rollo, exhausto, veo que me espera hablando con sus abuelos, como si hubiese sido un paseo. Le alcanzo, se cruzan los bluetooths y escucho: “Quééédateeeee…”.
¡Mierda! Así no puedo, pero tira de mí y arrastro mi dignidad hasta la meta. Los auriculares se reconectan y me regalan la estrofa: “No sé si estoy en lo cierto, lo cierto es que estoy aquí, otros por menos han muerto, maneras de vivir”.