Fue en una carrera donde nos conocimos hace tantísimos años y unos pocos después en otra cuando decidimos emprender juntos la de nuestra vida. Siempre dijimos que el amor era una San Silvestre, donde no vale la pena gastar toda la energía al principio, sino administrarla bien y entrenar bastante para llegar a la meta sin errores que nos hagan abandonarla y así hemos hecho en la vida y las carreras.
Henos aquí cincuenta años después, en la San Silvestre Salmantina, sabiendo que será nuestra última carrera, pero también que hemos entrenado duro para llegar juntos hasta el final de la de nuestras vidas. Tenemos que llegar, lo haremos. Ella se rezaga, la espero y tomo de la mano casi arrastrándola. Tenemos que hacerlo juntos aunque estemos exhaustos y ni controlen nuestro arribo. Nuestros hijos y nietos esperan en la meta. En la noche celebraremos nuestras bodas de oro.