Desde pequeño recuerdo ver correr por las calles de Salamanca, en la San
Silvestre Salmantina a cientos de personas, alegres, con un propósito en su interior que les impulsa a ese beneficio enorme que es el deporte.
Acercarse a multitud de personas, todas, respirando al unísono; parecen tener un solo corazón; la persona que va a tu lado, tal vez, no te conozca
Pero, en ese momento sonríe al verte a su lado, a algunos sus fuerzas les abandonan y otros les ayudan a llegar a meta, sin importarles el lugar que ocupen en ella, se les olvida su egolatría. Sólo desean auxiliar al compañero que los necesita, descubro la nobleza en su más amplia palabra.
El ser humano a pesar de todo, no ha perdido su BONDAD.