Lo hacía por su salud, o al menos eso era lo que les decía. Para mantenerse en forma, para conservarse joven, para poder competir en la carrera cada diciembre. Eso era lo que les decía, antes, para no tener que estar en casa, para no tener que verla a ella ni escuchar a los niños.
Era lo que decía para tener la excusa perfecta, para volver a casa tarde, darse una ducha y meterse en la cama. Corría para no tener que pensar en ellos, pero eso era antes.
Ahora que el mundo ha cambiado, que no hay casa donde volver, ni agua para una ducha, ni cama en la que meterse; ahora que corre sin descanso para salvar su vida le gusta pensar en los buenos tiempos.
Y los echa de menos, claro, y sigue corriendo, sin descanso.