27 DE DICIEMBRE DE 2026

Nadie sabe su nombre y muchos han imaginado su cara entre líneas. Quizá sea la de aquel que se asoma al Puente Romano con ojos brillantes, mirando al Tormes. Ese que espera a los corredores en un lugar privilegiado. Él también quisiera participar, incorporarse a la marea de pasos, luciendo un número a la espalda. En su cara se leen sueños de vida y de libertad. Pero la mano firme de su amo y el hormigón bajo sus pies le detienen.

¿Qué mayor libertad que la de marchar por la ciudad junto a tus vecinos? Celebrando que un año más pueden seguir pisando sobre estas piedras que les acogen.

Pero Él, el Lazarillo, el pícaro, el muchacho sin nombre, nunca podrá despegar sus pies del cemento. Aquellos que cruzan el puente competirán por él, y quizás encuentren su nombre en una esas piedras, holladas desde el correr de los tiempos.