27 DE DICIEMBRE DE 2026

Escapando por Marina del ciego que perseguíale garrote en alto, cruzóse en San Francisco Javier con un grupo de mozos de su tiempo que corrían como galopan los caballos desbocados. Adentróse entre la marabunta destos, que miraban con extrañeza como un cuerpo gris dábase de bruces contra las piernas de una figura más alta que esperábale al final de Dr. Gómez Ulla. Revolvióse en el suelo para esquivar el golpe y siguió corriendo por Pontevedra hasta que una pared de hombres y mujeres indicarónle con aspavientos que bajara por Paseo del Rollo. Cruzó la Plaza de San Antonio entre aplausos y desplómose, de pura flaqueza y hambre el pobre Lázaro, frente al Milagro de San José. Recogióle el ciego por la oreja y llevóle así hasta el bloque de cemento desde el que observaban, día y noche, el Puente Romano y la Plaza de Santiago.