La iglesia de San Benito necesitaba un tejado nuevo. El párroco pidió la colaboración de los feligreses, y, a cambio, se comprometió a ganar la San Silvestre salmantina.
El dÃa de la carrera se plantó en la salida con su habitual sotana. Y con ella enzarzada entre las piernas, cruzó la lÃnea de meta, dando un monumental traspié.
Ganar, no ganó, pero salió en todos los noticieros.
Mañana empiezan las obras.