CaÃ. El suelo rompió mis rodillas cansadas. HacÃa años que no sentÃa la sangre en mis piernas. Me recordó a la niñez. Miré hacia arriba, la meta estaba allà mismo, fuera de mi alcance. Hasta que alguien me levantó y me llevó hasta ella. Cada mÃsero y doloroso paso. Me dejó con una enfermera en cuanto cruzamos el arco, me sonrió, y nunca más volvà a verle.