27 DE DICIEMBRE DE 2026

Jesús era un comercial que apenas tenía tiempo para nada, su vida se centraba en el trabajo y en la ambición por llegar a ser el mejor de su empresa. Sin embargo, se había propuesto llevar una vida más sana y fue entonces cuando comenzó a entrenar en el Parque de los Jesuitas de Salamanca. Allí conoció a Rosa, una maestra desmotivada que había encontrado en el atletismo un motivo para seguir teniendo ilusión. Gracias a ella, sus carreras por el hermoso parque y los alrededores se convirtieron en la mejor de las formas de sonreírle a la vida.
Aquella mañana, al terminar la San Silvestre salmantina cogidos de la mano, supo que ella era la mujer de su vida.
A la mañana siguiente, Jesús telefoneó a su jefe y le dijo: “Lo dejo. Quiero empezar a vivir”. La siguiente persona a la que llamó fue a Rosa.