27 DE DICIEMBRE DE 2026

Con los nervios atenazando el estómago y la ilusión en la boca, él esperaba a que ella apareciese con su camiseta naranja, los pantalones de lycra y las zapatillas de correr que sus hijos le habían regalado.

-Eres una campeona, mamá- le dijeron.

Así lo creía él desde el primer día en que la conoció.

Ahora, apoyado en la fría valla, veía sin ver a los cientos de atletas pasando, arcoíris en movimiento, esfuerzo, gritos de ánimo y júbilo. En sus manos, el cartel que sus nietos habían hecho con todo el amor y todos los rotuladores del mundo. En su garganta, un nudo de emoción.

Cada vez menos corredores, más mayores y más lentos.

¡Ahí, ahí! ¡Abuela, abuela!

Allí pasaba ella. Despacio, al ritmo de su tiempo, de su esfuerzo, de su ilusión. Hacia la meta.

Los ojos llenos de lágrimas.

“Mi campeona.”, pensó.