Con los nervios atenazando el estómago y la ilusión en la boca, él esperaba a que ella apareciese con su camiseta naranja, los pantalones de lycra y las zapatillas de correr que sus hijos le habÃan regalado.
-Eres una campeona, mamá- le dijeron.
Asà lo creÃa él desde el primer dÃa en que la conoció.
Ahora, apoyado en la frÃa valla, veÃa sin ver a los cientos de atletas pasando, arcoÃris en movimiento, esfuerzo, gritos de ánimo y júbilo. En sus manos, el cartel que sus nietos habÃan hecho con todo el amor y todos los rotuladores del mundo. En su garganta, un nudo de emoción.
Cada vez menos corredores, más mayores y más lentos.
¡AhÃ, ahÃ! ¡Abuela, abuela!
Allà pasaba ella. Despacio, al ritmo de su tiempo, de su esfuerzo, de su ilusión. Hacia la meta.
Los ojos llenos de lágrimas.
“Mi campeona.â€, pensó.