Carlos estaba nervioso, yo se lo notaba siempre que no paraba de hablar.Aquella mañana nos levantamos muy temprano, Salamanca quedaba a casi tres horas y media .Por el camino yo iba pensando en todo aquellos. años en el hospital, cuando Carlos estuvo tan enfermo, cuando no queria salir a la calle porque le avergonzaba estar calvo.Ahora estaba muy bien, los amigos le habian ayudado mucho.Me alegraba que volviera a correr, siempre habia sido muy deportista, y el pedirnos que le llevaramos a la San Silvestre Salmantina fue maravilloso.Cuando por fin llegamos y vimos a tanta gente con tanto entusiasmo por correr , niños, gente mayor, y sobre todo a Carlos tan contento nos dimos cuenta que la vida son pequeños momentos que hay que aprovechar.