Desconocidos. Vecinos. Amigos. Papa Noeles descansados después del trabajo finalizado. Corredores. Pajes reales que necesitan conocer el recorrido que realizaran en un futuro. Ejecutivos de corto. Plátanos y otros frutos con ganas de marcha. Dorsales. Cronómetro anunciando el tiempo que resta para salir. El frío invierno. Las luces apagadas de una Navidad que ha empezado. Hombres disfrazados de mujeres. Mujeres en lucha por alguna enfermedad innombrable. Carros de bebé cargados de ilusiones y sonrisas. Un barco decidido a correr. Todos comparten la misma meta, el mismo objetivo, la misma ilusión: volver al punto de partida con una sonrisa y una promesa hecha. Se escucha el disparo que anuncia la salida. Pájaros surgen de la nada y los corredores vuelan con la ilusión de apoderarse, por unos instantes, de la arquitectura que los envuelve y que los acogerá con los brazos abiertos durante los kilómetros que dura la San Silvestre.