27 DE DICIEMBRE DE 2026

Era ella, lo supe en cuanto la vi. Corría junto a una multitud más rápida que el viento.
No lo pensé y me lancé detrás, pero pronto la perdí entre el gentío. Desesperado, seguí avanzando lo más rápido que pude, pero fue inútil. Parecía haberse desvanecido en el aire, como un sueño.
Decidí que no podía rendirme; la encontraría en la meta si me esforzaba lo suficiente. Así que corrí, corrí y corrí entre aquella multitud de dorsales mientras mi mente se llenaba de recuerdos.
Pero llegué a la meta y no estaba. Y recordé algo más. Una cama de hospital, una despedida amarga. Fue como un puñetazo.
Entonces me dijeron que había sido la primera persona mayor de noventa años en ganar la San Silvestre Salmantina. Que la vejez no me había quitado nada.
Respondí que no era cierto.
Porque se la llevó a ella.
A mi esposa.