27 DE DICIEMBRE DE 2026

Había una vez en Salamanca una tradición muy querida: la carrera de San Silvestre. Cada año, el último día de diciembre, toda la ciudad se llenaba de emoción y alegría. Desde días antes, los corredores comenzaban a prepararse, entrenando para esta especial competencia.
El día de la carrera llegó, y el ambiente vibraba con energía. Miles de personas se reunieron en la Plaza Mayor, donde se daba la salida. El sonido del disparo llenó el aire y los corredores se precipitaron hacia las calles de la ciudad. Los espectadores los alentaban con aplausos y vítores, creando un ambiente festivo.

En el recorrido, los corredores pasaban por los bellos monumentos y calles de Salamanca, sintiendo el espíritu navideño y la emoción del fin de año. Al llegar a la meta, una gran ovación los recibía, premiando su esfuerzo y dedicación.