Ese año corrÃan la San Silvestre unos lápices de colores. Todos iban bien equipados con su sacapuntas incluido. Estaban obligados a dejar el rastro de su respectivo color a lo largo del recorrido. A falta de poca distancia para arribar a la meta, los lápices de color marrón y amarillo pugnaban destacados por llegar el primero. El de marrón resultó vencedor con una considerable ventaja; pero posteriormente fue descalificado. Nadie se dio cuenta de que el lápiz de color amarillo llevaba camuflada una goma de borrar.