Llevaba varios años corriendo la San Silvestre salmantina, y, hasta ahora, todo había sido correr y disfrutar. Mis amigos y familiares se distribuían por las calles de la ciudad y me animaban al pasar. ¡Animo, Federico!, me gritaban y aplaudían, y yo procuraba superarme y bajar mi tiempo en cada cita anual. Pero este año quizás iba a ser distinto, porque no tenía muy claro qué iba a ocurrir cuando dijera, al inscribirme, que mi nombre era Valeria. ¿Supondría eso un obstáculo?