Se despertó con ganas de salir corriendo, miró el reloj y esbozó una sonrisa teñida de sueño al ver que aún eran las 7:30 y tenía una hora para seguir en la cama. Cerró los ojos pensando que tenía ganas de correr sin abandonar el calor del edredón que mantenía sus pulsaciones bajo mínimos, -Qué curioso-pensó, y se sintió capaz de ganar la carrera para la que llevaba todo el año entrenando.
Volvió a dormirse, esta vez se encontró con la imagen de un reloj que marcaba las 11:30 y descontaba el tiempo muy rápido. En menos de diez minutos, visitó el Tibet, escribió un libro, amó a cada persona que encontró por el camino, construyó una casa, pescó el pez mas grande del mundo pilotó un helicóptero… Al aterrizar, un niño que le recordaba a él de pequeño le dijo – ¡gracias por perseguir tus sueños!.