27 DE DICIEMBRE DE 2026

Dolor. Fatiga. Cansancio. No sé cuánto tiempo llevo corriendo sobre el asfalto, hace ya rato que perdí de vista al resto del pelotón. Y todavía no veo el final. Ellos tenían razón, no debería estar aquí.
Estoy bañado en sudor, calor, sofoco, esto debe ser el infierno. ¿Dónde están los demás? ¿Soy el último? Las piernas me tiemblan, estoy agotado. Resiste un poco más, ¿tanto entrenamiento para esto…?
Me duele el costado. Bajo el ritmo, me cuesta respirar. Continuó hacia adelante. Veo cada vez más gente.
Y tropiezo.
Pero no me duele, no siento nada. Mi corazón late acelerado.
Tirado en el suelo oigo: «¡Venga, tú puedes!». Alzo la cabeza, y allí está ella entre la multitud. ¿De verdad ha venido a verme? Nos miramos, parece preocupada. Despierto, me recupero y aprieto los puños. Sólo unos pasos más. Cojeo hasta la meta y la abrazo.