Dolor. Fatiga. Cansancio. No sé cuánto tiempo llevo corriendo sobre el asfalto, hace ya rato que perdà de vista al resto del pelotón. Y todavÃa no veo el final. Ellos tenÃan razón, no deberÃa estar aquÃ.
Estoy bañado en sudor, calor, sofoco, esto debe ser el infierno. ¿Dónde están los demás? ¿Soy el último? Las piernas me tiemblan, estoy agotado. Resiste un poco más, ¿tanto entrenamiento para esto…?
Me duele el costado. Bajo el ritmo, me cuesta respirar. Continuó hacia adelante. Veo cada vez más gente.
Y tropiezo.
Pero no me duele, no siento nada. Mi corazón late acelerado.
Tirado en el suelo oigo: «¡Venga, tú puedes!». Alzo la cabeza, y allà está ella entre la multitud. ¿De verdad ha venido a verme? Nos miramos, parece preocupada. Despierto, me recupero y aprieto los puños. Sólo unos pasos más. Cojeo hasta la meta y la abrazo.