Mientras corrÃa rememoró la firme determinación que le impulsó a practicar atletismo meses atrás. El objetivo no era reducir la obesidad ni mejorar el estado fÃsico, sino insuflarse de optimismo para poder transmitir las ganas de luchar a la persona que más amaba.
Quiso reservar fuerzas y disminuyó el ritmo. Daba igual si lo superaban, el único propósito era mostrarle que la rendición no era una opción. Cerca del final aumentó la velocidad. Cuando la vio entre el público se despojó del gorro rosa que cubrÃa su cabeza, rapada esa misma mañana. Al reconocerlo, ella rio por primera vez en mucho tiempo y correspondió quitándose el pañuelo que ocultaba la caÃda del cabello por efecto del tratamiento. Aceptó la invitación a acompañarle abrazados y, en suave trote, llegaron felices hasta la meta de aquella San Silvestre que serÃa el inicio de la carrera por la vida que juntos ganarÃan.