Todos los dÃas corrÃa mis diez km.
SalÃa de la ciudad por el puente romano y al llegar al verraco, golpeaba la piedra con la mano.
Me sentÃa como Hércules, él tenÃa que domar al toro de Creta, su séptima prueba, igual que yo, el séptimo certamen.
Correr por la vereda del Tormes es una auténtica maravilla, pero tiene un peligro.
El dÃa antes de la carrera batà mi récord. Pensé, este año entro entre los mil primeros.
HacÃa bueno, tenÃa hambre, era la hora, vamos, que aconteció tal alineación de los planetas que entré en Casaserra. Me mandé dos platos cumpliditos de alubias viudas.
Llegó la carrera.
Al principio iba en cabeza con un trote ligero, pero hacia la mitad noté unos borborigmos que iban de un lado de mi abdomen al otro.
Ahora iba de culo, el último y al traspasar la meta, se me relajaron los esfÃnteres.