27 DE DICIEMBRE DE 2026

Nada más llegar a la meta de la San Silvestre salmantina, una corredora levanta una botella de agua como si fuera un trofeo. El sabor a sangre en la boca le recuerda que ha logrado su propósito, llegar sin una gota de fuerza. No ha sido fácil, nadie sabe lo que ha sufrido. Abre la botella y sorprendentemente el agua desaparece, como si un espíritu la hubiera absorbido.
Miles de años antes, en el cerro de San Vicente, una chamana levanta con ambas manos un cuenco vacío mientras canta al espíritu del oso cavernario. La tribu observa con sorpresa cómo un chorro de agua aparece de la nada y llena el cuenco. No ha sido fácil, nadie sabe lo que ha sufrido. A la chamana no le sorprende la aparición del agua, pero sí escuchar las pisadas de cientos de hombres y mujeres corriendo a través del tiempo.