El camino parecerá más largo entre más tardes en empezarlo.–decía mi padre al verme indecisa o nerviosa. Él siempre me motivó a conquistar mis sueños aunque parecieran espinosos y lejanos. Pero… sin más, aquella madrugada fría me lo arrebató, llevándose con ella su complicidad. Sus manos se quedaron yertas y su voz se esfumó en el viento donde permaneció oculta por mucho tiempo. Hasta que al visitar a Salamanca, reapareció como una alucinación: miles de personas corriendo y otras tantas vociferando con alegría y orgullo, me impulsaron a correr y ya no pude detenerme. En esas exclamaciones de apoyo, reencontré aquello que desde mi niñez me hizo sentir tan valiosa y capaz. Cinco años he disfrutado de la voz y la mirada de mi padre camuflada entre los gestos de la gente, que me anima mientras participo en la carrera de San Silvestre.