27 DE DICIEMBRE DE 2026

Le dieron cinco meses. Ella decidió que serían de entrenamiento.
Empezó corriendo tres minutos y llorando dos. El oncólogo decía que el cuerpo no aguantaría, pero ella lo hacía correr también, con sus miedos detrás.
Cuando llegó diciembre, ya podía con los diez kilómetros de la San Silvestre. Cruzó la meta exhausta y más viva que nunca. Después vino la quimio, el pelo y todo lo demás. Y sus cinco meses se acabaron.
Hoy corre su cuarta San Silvestre Salmantina. Lleva el dorsal doblado, como si guardara dentro los nombres de quienes no llegaron.
No corre para ganar. Corre para recordar que sigue aquí, que cada zancada
fue una pequeña insurrección contra lo inevitable.
Cuando entra en la Plaza del Alto del Rollo y escucha los aplausos, entiende que los cinco meses se convirtieron en cinco años. Y con el ánimo renovado, sigue corriendo.