A las zapatillas les costó algo más, pues nuevas como eran no debÃa resultarles fácil renunciar a lo que iba a suponer su puesta de largo.
El resto de prendas aceptó con resignación que este año no podrÃan exhibirse y conteniendo la tristeza asistieron en silencio al momento en el que las coloqué en las baldas y perchas del vestidor. Eso sÃ, no sin antes hacerme prometer que marcarÃa en rojo la fecha del año siguiente como recordatorio de que todos, ellas y yo, tenÃamos pendiente una cita con las calles, los monumentos y las gentes de Salamanca.
¡Recuérdalo!, dijeron al unÃsono –también las zapatillas– mientras abandonaba la habitación.
Y como lo prometido es deuda me dirigà a la cocina y con un rotulador de color rojo, intentando contener las lágrimas, tracé un enorme cÃrculo sobre el número 26 del mes de diciembre del año 2021.