HacÃa un par de años, que debido a su enfermedad, no podÃa participar en la San Silvestre Salmantina. Pero, aún asÃ, no habÃa perdido su espÃritu competitivo y se entrenaba cada dÃa. SabÃa que, si querÃa estar a su altura y ganarles, debÃa ser más rápido que ellos. No querÃa sentirse superado una vez más. Sobre todo, lo importante era no dejarse sorprender en la salida. Él fijaba su mirada atentamente, eran solo veinte segundos, pero una eternidad para recordar. No podÃa parpadear ni un solo instante, de lo contrario ya serÃa demasiado tarde. Por ello, estaba con la mano preparada sobre el mando a distancia, para darle al botón de grabar cuando las diminutas letras comenzasen a correr por la parte baja del dichoso anuncio de publicidad.