Este año la estatua de Fray Luis participa en la San Silvestre. Se rumorea que, harto de fotos, palomas e ignorancia, bajó del pedestal anoche, aprovechando la despiadada niebla que se instaló en la ciudad. Corre despacio, con los brazos cruzados a la espalda y cara de estar meditando. A su paso, los corredores se santiguan y le piden que les bendiga las piernas y el ánimo. Yo intento seguirle, pero me adelanta en la cuesta del Rectorado, donde deja una estela de versos en el aire de lo más inspiradores.
Al llegar a meta, el jurado lo descalifica por no llevar dorsal. Ante tamaño despropósito, el público silba y lanza abucheos y protestas de «fuera la Inquisición». Para evitar males mayores, Fray Luis vuelve a su pedestal con la cabeza gacha. Pero en cuanto la gente se aleja, empieza a estirar para la carrera del año que viene.