Hace veintinueve años en el cielo…
– ¡¡Silvestre!!
(me desperté sobresaltado) ¿¿Qué pasa Señor??
– Una nueva carrera popular en tu nombre, esta vez en Salamanca. No lo comprendo… ¡con lo vago que eres!
– (Como si no lo hubiera oído), solicité: ¡¡Dígame Señor!!
– Ya sabes tu cometido. Pon especial empeño en ancianos y niños… se deshidratan antes.
-Señor…(titubeé) ¿Podré socorrer a mujeres guapas?
-¡Silvestre, Silvestre…! ¡Que te distraes de tu cometido! Anda ponte en camino y no olvides pedirle a Pedro copia de la llave.
-Como mande. ¡Ah Señor!, le traeré una estampa del Cristo de los Milagros que sale Usted muy favorecido.