Una y otra vez pasabas junto a mi como una exhalación. La mirada al frente, el ritmo de la pisada constante, nada parecÃa hacer mella en tu firme determinación, ni los gritos de los espectadores ni el tiempo frÃo que congelaba el aliento de los participantes. Tú, que siempre habÃa escogido la tranquilidad como emblema de tu vida diaria, te lanzabas ahora en pos de un destino que corrÃa más que tú. La moneda habÃa sido lanzada al aire, y la suerte estaba echada desde el principio. En el último giro antes de llegar a la meta volviste apenas un instante la mirada, y en tus ojos alcancé a ver cómo tu vida entera pasaba fugazmente. El destino te jugaba una mala pasada, la victoria nunca estarÃa a tu alcance, la meta se alejaba.
Tú, mi héroe, siempre tendrás un lugar en el altar de quienes persiguen sueños inalcanzables.