Corría con todas mis cansadas fuerzas dando hasta la última de mis energías. Con cada zancada la musculatura de mis piernas afloraba músculos que juraría que el resto de mortales no tiene.
Notaba como mis zapatillas pisaban mucha intensidad el empedrado y húmedo suelo. Sentía como mi pantalón mojado pesaba cada vez más del agua de los charcos que salpicaba al pisar.
Bajaba por la calle Pontevedra. Miraba hacia atrás de forma compulsiva, a un lado y a otro pero el gentío me impedía tener una imagen nítida. El vaho que salía de mi cuerpo al sudar y el que emanaba mi boca, con respiraciones arítmicas, hacían imposible tener un punto de referencia.
Por fin llegué a casa, me pude derrumbar sobre el sillón y encendí la tele para ver la San Silvestre Salmantina. Creí que no iba a llegar a tiempo para ver la salida de la carrera.