Cariño, tenemos que hablar. SÃ, justo la vÃspera de la San Silvestre, no puedo esperar más. No eres tú, soy yo, pero últimamente te siento desdibujado, borrado y borroso, como algunos medallones de la Plaza Mayor. Absurdo, desafiante, siniestro y frÃo, como un dragón comiéndose un helado de cucurucho. Te observo esquivo y desubicado, como una rana en una calavera. Te noto enigmático, fuera de lugar y anacrónico, como un astronauta en una catedral.
Al dÃa siguiente corrà con todas mis fuerzas, pensando en tu portazo definitivo de anoche. Notaba una tuna desbocada rondando mi corazón y alas en los pies, pero solo era el cordón desatado de mi zapatilla izquierda. Al llegar a meta iba en cabeza pero ocurrió lo inevitable. Tropecé entre el keniata y el etÃope y en la foto finish salà con el rostro movido, desdibujado, borroso y el dorsal ilegible .