Como si del mejor regalo de Reyes se tratase. Asà fue como recibà la noticia que el profesor de gimnasia me dio aquel diciembre del 83: DÃaz, mañana te unes al grupo para correr en el Cross de Navidad.
Cuarenta años después aún recuerdo la cara de aquel niño pletórico por competir y por qué no, por ganar. Alguien tendrÃa que hacerlo y yo estaba entre los elegidos para intentarlo. Hoy, preparándome para estrenar mis nuevas zapatillas y participar en mi segunda carrera, percibo un bis a bis entre mis nervios y unos escalofrÃos que invaden este lesionado cuerpo. No es por el frÃo de Salamanca, no, igual me sucederÃa en la media maratón de São Paulo. El paso del tiempo me ha puesto otra vez en la lÃnea de salida, pero en esta ocasión mis sentimientos son distintos. Más viejo sÃ, con menos ilusión, no.