27 DE DICIEMBRE DE 2026

Sonaba ‘Carros de Fuego’ desde un lugar desconocido y eso me indujo a avivar la marcha. Fatigada, sudorosa, casi sin aliento, me hallé ante la tienda. Toqué el timbre, pero el dependiente, desde el mostrador, me indicó implacable con gestos que estaba cerrado. Por momentos pensé qué necesidad tenía, en mi estado. Entonces sentí una mano en el hombro. “Precisas una equipación para la San Silvestre, si no me equivoco”. Un viejito de aspecto bondadoso me ofrecía su ayuda. Crédula, asentí y juntos caminamos hasta un pequeño almacén. Entramos y allí había docenas de cajas. “Elige una”, me dijo. “¿Pero cuál?, son iguales y no sé si contienen lo mismo”, aduje con voz temblorosa. “Confía en tu intuición”. Tras unos segundos, opté por la más cercana. “Bien”, oí a mis espaldas. Me giré enseguida y el viejito no estaba, pero yo tenía la ropa para correr mi primera Salmantina embarazada.