La San Silvestre Salmantina siempre me habÃa provocado respeto y nervios. Muchos. Y asà se materializó el dÃa de la carrera. Todo empezó mal… desde que mis calcetines de la suerte no aparecÃan hasta las sensaciones de la salida. Buenas, pero iba demasiado rápido. Demasiado para mi gusto. A falta de dos kilómetros, me desconcentré. SentÃa que no lo estaba dando todo. Dolor. “Aguanta, chavalâ€. Pero yo no podÃa. Y más aun teniendo a escasos metros a una promesa del atletismo. Inspira, espira, inspira…se repetÃa. Cruce de miradas. Sonrisa. Y me adelantó. No. Esto no podÃa quedar asÃ. Sacando la fuerza de no sé dónde, le adelanté. 600, 500, 400 metros…y algo rompió. Suelo. FrÃo. Todo pasó tan rápido… Casi sin aire y apoyado a él entramos a meta los dos juntos. Esto es el atletismo, me dijo sonriente.