Sé que me acerco un paso más a esa persona que quiero ser. Sostenido a cada momento de vacilación por la gente que aplaude mi esfuerzo, que me da ánimos para llegar más allá de lo que pensaba que estaba listo para llegar. Sintiendo la solidez de las piedras del viejo puente a mi paso y ojos de otro tiempo, tanto pasado como futuro, desde las ventanas de las casas. Incluso la mirada de la ciudad desde lo alto de la catedral. Y, como yo, cientos de personas a mi alrededor. Hacia una meta que no pide más de lo que estás dispuesto a dar y que otorga su victoria no solo a aquel que la cruza sino al que, esta vez, no pudo llegar a su final pero inspiró a otros para la carrera de mañana. Porque en esta vida, si lo intentas, no hay derrota.