Ese dÃa era la primera vez que Ulises se calzaba unas deportivas; nunca habÃa practicado deporte, aunque todos pensaban que con ese nombre su destino debÃa de ser recorrer mundos, y para eso resultaban imprescindibles unas buenas piernas. Sólo su madre, que además de madre era sabia, decÃa que era mejor no tentar a la suerte, y que Ulises sólo hubo uno y su hijo no podÃa llegarle a auténtico Ulises ni a la altura del zancajo, todo lo más serÃa una burda imitación del auténtico héroe griego. Pero Ulises se empeñó en su proyecto: VolarÃa y demostrarÃa a todos que su nombre reverdecerÃa viejos laureles, los del Ulises mÃtico. Sonó el silbato y nuestro Ulises salió raudo, pero apenas dio unos pasos, trastabilló y cayó al suelo, con tan mala fortuna que se fracturó el menisco. Ahà terminó la breve carrera en el atletismo de nuestro bravo Ulises.